febrero 2008.

Si Gabriel García y su realismo mágico no hubieran nacido en Colombia, seguro que su obra no circularía en la lista de los Nóbel de literatura.

En los últimos días se esta gestando una seria de acontecimientos casi de ficción en el país. Parece como si el divino se hubiera acordado de los pobres y les estuviera enviando santos para regalarles platica. Esto se esta evidenciando en las diversas versiones que circulan sobre personas encapuchadas que entregan fuertes sumas de dinero a pobres ciudadanos de Villavicencio y empresas que milagrosamente duplican el dinero que un ciudadano ha depositado.

El fenómeno esta en furor, se puede decir que en todo el país hay de estas empresas que han llegado para hacerle el favor al perezoso, desempleado y ambicioso. Con solo hacer una larga fila desde la madrugada, cada “inversionista” se registra, hace su depósito y se dispone a pasar por el doble de su dinero en un tiempo determinado. Hay que decir que cumplen, pero ojo, muchas empresas se van después, dejando viendo un chispero a los últimos inversionistas – según lo que he escuchado en los medios y ha corroborado los estafados-.

La sospechosa actividad lleva meses funcionando, se especula que es una forma de lavar dinero ilícito, que proviene de actividades de la guerrilla o lo paramilitares, que son unos timadores y hasta se dice que se trata de unos matemáticos que encontraron la formula para rendir el dinero generando grandes intereses. La pregunta es ¿Por qué a los expertos en finanzas no se les había ocurrido antes?. De ser cierta tanta maravilla, seguro los bancos se estuvieran volviendo ricos gracias a la formulita de personas como la del dueño de DMG, ese tipo con cara de murciélago que un día quiso salir adelante y se inventó el negocio.

Pero que decir, esa es la cultura de nuestro país. A la gente le gusta ganársela fácil, sin estudiar ni esforzarse por trabajar. Además aquí la gente “ignorante” se cree cuanto cuento le dicen – si existen estafadores, es por que hay gente que les come cuento-. Ahí esta el caso de Zipaquira, a un fulano se le ocurrió decir que en el parque central iban a dar $50.000 a quienes entregaran $1.000, el parque se lleno de gente y llegó casi la noche sin que nadie recibiera el milagroso dinero. Lo grave de la situación es que la gente más pobre hasta empeña sus electrodomésticos para ir a invertir.

Las autoridades ya comenzaron a investigar la actividad, la dirección de estupefacientes sometió a dominio de extinción $6509.000 millones que eran transportados hacia la Hormiga – Caquetá camuflados en bolsas con logos de Acción Social. El dinero lo reclamó la famosa firma DMG argumentando que este le pertenecía y que iba dirigido para una supuesta inversión en un almacén de víveres.

A muchos nos tiene sin cuidado el origen de tan oscuro negocio – los que no nos dejamos comer cuanto-, sin embargo es inquietante ver como la gente se deja convencer de cuentos raros.

Colombia, un país azotado por terroristas que algunos no consideran como tal, vecinos incómodos, senadores que hablan mal del país… También tiene miles de corazoncitos empapados de esperanza. Estoy mas que segura que mas de uno de los que ha invertido ha dicho que teme, pero “el que no arriesga un huevo, no obtiene una gallina”, y si esos inversionistas resultan estafados, de seguro van a decir, “las cosas no pasan por que sí, si esto pasó, es por algo”, entonces se reponen de la estafa continúan adelante, con la esperanza de que les llegue una nueva oportunidad.

Ojala las autoridades actúen rápido, y si en verdad se trata de algo ilícito, que lo anuncien pronto para que la gente no siga cayendo ante el fenómeno de este Robin Hood criollo.