Eliana Valderrama

La introducción de nuevas tecnologías al mercado de consumo generó dinámicas en nuestro sistema social que nos han hecho tener nuevas perspectivas sobre las necesidades que cada uno debe tener.

Fácilmente se puede observar las nuevas formas visionarias que se tienen frente a la forma de percibir y comunicarse con el mundo. Quien tenga un hermano o primo mayor seguramente le habrá dicho que en su época le tocaba cargar en la maleta ese walkman de casete inmenso para no irse en el bus escuchando la música aburrida que ponía el conductor o que para presentar un trabajo era un total “camello” por que el diskette en muchas ocasiones no se le daba por abrir.

Si bien con la evolución de la tecnología, -esa que el docente Andree Dydidome define como una “extensión del hombre que busca resolver necesidades”-, obtuvimos la solución a tantos inconvenientes, es notorio ver que ahora con dicha herramienta se ha generado que los individuos sean cada vez una especie de consumidores masivos.

Veamos uno de los casos más comunes. Casi desde que entramos al siglo XXI, las formas de comunicarnos estaban cambiando velozmente, se redujo el tiempo y la distancia, el uso del teléfono móvil paso de ser un privilegio de los ricos a formar parte indispensable del hogar de cualquier persona sin importar estrato social que tuviera. En un banco, en un restaurante, en la calle, o donde sea, uno los ve de diferentes marcas, tamaños, timbres y formas. Además de que es muy fácil adquirirlo, proporciona inmensos beneficios a unos y a otros, como por ejemplo; a las mamás les permite saber a cada hora donde esta metido su hijo un viernes en la noche, al novi(a) controlarlo hasta el momento en que sea la cita, y hasta ha servido para que los que cobran del banco no se tomen la molestia de llamar a casa si no que se comunican directamente con el susodicho para recordarle que debe cinco cuotas de la tarjeta.

La red “emprendedores” Respecto al uso de los teléfonos móviles, las encuestas realizadas indican que si bien los jóvenes encuestados utilizan el móvil para llamar y hacer llamadas (81%) y enviar y recibir mensajes de texto (74%), no son estos los únicos usos de los mismos.

De hecho, más de la mitad (56%) lo utiliza para jugar y entre el 48% y el 45% le da otros usos como escuchar música y ver fotos o videos, respectivamente.

Como lo plantea el comunicador Andrés López, “El uso cotidiano de un sin número de elementos tecnológicos, bien podría clasificarse dentro de las nuevas necesidades surgidas de las actuales dinámicas sociales, ésas en las que comprendimos que nacimos trascendentalmente solos. Buscamos compañía en circuitos que reproducen realidades inexistentes, mundos que son sin ser, pero que aceptamos como nueva verdad irrefutable del universo.”

La necesidad

El buen uso de la tecnología siempre dependerá de quien la consuma y la manera en que lo haga, hay que recordar que todos tienen razones o necesidades diferentes a la hora de adquirir algo. Cada uno determina que el consumo se convierta en un satisfactor de segundo orden que atiende necesidades como la calidad de vida, la diversión… o que lo convierta en una necesidad de tercer orden, es decir, para dar status y mostrarse ante nuestros los pares como superior.

Mauricio Castañeda estudiante de Ing. industrial, asegura que “los jóvenes usan tecnología por moda, por generar cache, si se tiene tecnología se es `mas que los demás´, y desde el punto de vista mas industrial, la tecnología se convierte en una necesidad que ayuda a hacer las cosas mas eficientes y de mejor calidad”.

Pero dejémonos de cuentos, el mercadeo a través de la comunicación publicitaria busca estimular varias “necesidades” como la de mostrarse mejor y mas poderoso que sus equivalentes. El mejor carro, el mejor celular, el mejor cuerpo, la mujer, o la mejor universidad etc... generan estatus y prestigio, hace que los demás se fijen y hagan comentarios que enorgullecen el ego. Con esto se busca reconocimiento social, dejar de ser anónimo y así conseguir la sensación parecida a la de tener poder.

El uso a lo que compramos.

Recurrentemente se suele comprar objetos no solo por el uso que les podamos dar, si no por el simple hecho de que sean tecnología. A través de diferentes medios nos enteramos de las bondades que proporcionan aparatos como esos que nos promocionan por más de una hora las llamadas “tele ventas”. Camilo Álvarez, un estudiante de comunicación social asegura que En la actualidad la mayoría de personas, debido al implacable capitalismo, consumen por inercia y por moda, comprando objetos que en muchas ocasiones son innecesarios, pero que las empresas y medios a través de la publicidad transmiten como productos n que logran solucionar y facilitar nuestras vidas.

Seguramente en la actualidad, cada uno conoce a mas de una persona que como el abogado Pedro Escorcia, haya comprado un celular de ultima tecnología como el Nokia N95, que según las especificaciones que le entrego el técnico a la hora de venderle el aparato, a través de el podría ingresar a internet, tomar fotos con una alta resolución, ingresar a internet, escuchar música y compartir archivos, “al día de hoy nunca he tomado una fotografía con mi celular, prefiero tomarlas con la cámara digital, tampoco uso el reproductor por que suelo escuchar música solo cuando voy dentro del carro y el internet del equipo lo uso únicamente para revisar mi correo”, finalmente su Nokia lo usa principalmente para llamar.

Así que el consumo de cualquier clase de tecnología bien sea para divertir o aplicar a varias tareas, debe estimarse como un aspecto que ya hace parte de la vida contemporánea y que ha entregado aportes buenos y malos a la sociedad. No hay que fiarse de esos comentarios apocalípticos que lo único que pretenden es hacer creer que todo pasado fue mejor y todo futuro será catastrófico, pero tampoco se debe creer en tan simultaneas bondades. Simplemente, hay que darle el uso que se considere correcto a las distintas herramientas creadas por otros.