Publicado el 8 de Julio en el diario El tiempo.

Durante estas vacaciones tuve la oportunidad de conocer el mar, lo qué nunca me imaginé de ese primer viaje es que fuera a salir espantada de las playas de Cartagena por el incomodo número de vendedores que persistían en ofrecer el masaje, las gafas el camarón etc. Pude ver como unos extranjeros que estaban a mi lado y no hablaban español, hacían mil señas para dejarles claro a estos que no pretendían comprarles nada. Otra cosa de la que me percaté en esta ciudad y en Santa Marta, es que a veces a uno le toca poner acento de costeño ¡seguro!, cuando ven que uno es "cachaco", le cobran el triple del valor real del producto.

Si bien tengo conocimiento sobre los altos índices de desempleo en estas ciudades, donde muchos se las deben arreglar con las ventas informales; considero que es oportuno que los vendedores tomen conciencia sobre lo incomodo que a veces resulta su persistencia al vender algo que uno no quiere o no necesita en ese instante y que no deben pretender hacerse con un turista, lo que no han podido en todo el día.

Otra cosa, creo que con lo que recaudan con las entradas de cada turista al Parque Nacional del Tayrona en Santa Marta, se puede pagar por la limpieza de las playas donde es prohibido bañarse, entre a una de estas, y sinceramente quede impresionada con el montón de basura que había sacado el mar y estaba ahí en la orilla. Claro, allí solo mantienen en buen aspecto los lugares por donde pasa la gente, los demás, totalmente olvidados.

A pesar de lo que comenté anteriormente, comprobé las riquezas naturales que tenemos y debemos cuidar. Lamento no haber conocido las playas de Santa Marta cuando el carbón no las tenían tan negras, dicen que eran mas lindas que las que yo vi.